Agrupación de la Santísima Virgen. Cofradía California

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Fundamento Teológico

Fundamento Teológico Coronación Canónica
 
 

Santísima Virgen del Primer Dolor

 

La coronación canónica de una imagen de la Virgen es el acto de culto en que culmina la devoción de un pueblo a la madre de Dios, que quiere profesar su fe, su amor, su vasallaje a la Señora y proclamarla Reina así, comprometiéndose a seguir su ejemplo en cumplimiento de la ley de Dios, en el compromiso cristiano y en el servicio de la Iglesia. Todo ello acreditado por una larga tradición, que se expresa ante una imagen en la que el pueblo cristiano ha venerado por ella las gracias del Señor.
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Cartagena, ciudad muy noble, muy leal y mariana, en este siglo ha cantado su amor coronando imágenes tan queridas por nosotros como:

Virgen de la Caridad, Patrona de la Ciudad de Cartagena, coronada por el Obispo de Cartagena D. Vicente Alonso Salgado el día 17 de Abril de 1.923.
El 17 de Abril de 1.955 se procede a la restitución de su corona por el Obispo de Cartagena D. Ramón Sanahuja y Marcé. ( Popularmente 2ª Coronación ).


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Virgen de la Soledad, Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, (Marrajos) coronada por el Obispo de Cartagena D. Javier Azagra Labiano el día 7 de Mayo de 1.995.


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Virgen del Amor Hermoso. Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado. Coronada por el obispo de Cartagena D. Manuel Ureña Pastor el día 19 de Octubre de 2003.


Virgen del Amor Hermoso


1 Sr. Cardenal Bueno Monreal. ABC 1.982

Con la Coronación de la Imagen de la Stma. Virgen del Primer Dolor se culmina el deseo de los Californios de tener a su Madre coronada, símbolo de su talante mariano y que se plasma en su pleitesía devocional, tanto en sus actos litúrgicos de Cuaresma, Besamano y su acto más simbólico, su procesión por las calles de Cartagena todos los Miércoles Santo de la primavera mediterránea que con su trono rebosante de flor y luz, la Cofradía California “ pasea a su madre”.


La costumbre de coronar la imagen de la Santísima Virgen en una ceremonia solemne, data del siglo XVI, y fue su patrocinador el Padre capuchino Jerónimo Paolucci de´Calboli da Forli (1.552-1.620). Este piadoso capuchino solía terminar sus predicaciones ordenadas en cursos especiales, a modo de misiones populares, y muy características a partir del Concilio de Trento, con la coronación de las imágenes de la Virgen Santísima más venerada de la región o en el ámbito en que se tenían lugar esas predicaciones misioneras de los pueblos. De este modo honraba a la Virgen María con una ceremonia externa de gran relieve, a la que ya había tenido como objeto más importante y principal en las mismas predicaciones. Había notado que las mujeres acudían muy engalanadas con sus joyas, y les hacía ver que era menester desprenderse de ellas y ofrecerlas a la Virgen María. Con esas alhajas se confeccionaba la corona con la que la imagen de la Virgen María había de ser coronada.


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2. Tanto se propagó esa costumbre que se creó dentro de la Orden de los Capuchinos la Pia Opera dell´Incoronazione, que se hizo universal, cuando uno de los fieles que se sintieron conmovidos por la predicación de Fray Jerónimo Paolucci, el conde de Borgonovo, Alejandro Sforza Pallavicino, dispuso en su testamento del 3 de Julio de 1.636, que se donase una buena cantidad de dinero al Capítulo de San Pedro del Vaticano, para que éste, después de la muerte del conde, procurase coronar las imágenes más célebres de la Virgen María.
Este es el origen de que para coronar canónicamente una imagen de la Virgen se necesitase el permiso del Capítulo de San Pedro del Vaticano. 3
Al asumir tal prerrogativa el Capítulo de San Pedro del Vaticano, se vio la en la necesidad de elaborar un ritual especial para esta ceremonia. No se sabe en que fecha se redactó este ritual. Ciertamente fue en el siglo XVII, se encontró en el Pontifical Romano el 29 de Marzo de 1.897.


2 Donato de S. Giovanni ni Persiceto, P. Geolamo
Paulucci de calboli Capuccino ( Forli 1.939 ) pp.26-27

3 J. Pizzoni, ´De coronatione imaginum B. Mariae Virginis´, en Ephemerides 68 ( 1.954 ) pp. 301-12

El rito comenzaba con la antífona mariana Sub tuum praesidium. Seguía luego la bendición de la corona de la Virgen, una vez bendecida la corona se procedía a imponerla, mientras se cantaba la antífona Regina caeli, laetare; el obispo, ministro ordinario de esta celebración, revestido de pontificial, recitaba una fórmula en la que se pedía que así como era coronada en la tierra, del mismo modo, por intercesión de la Virgen, merezcamos ser coronados en el cielo por su Hijo Jesucristo. Después de incensar la imagen coronada se recitaba una oración en la que se aludía a la Virgen María, como Reina de Misericordia. Todo terminaba con el Te Deum, después de la Misa.

En la edición del Pontificial Romano, del 13 de Abril de 1.961, se introdujeron algunas modificaciones de ese rito. En su título se puso Ordo ad imaginem B. Mariae Virginis coronandam. Se omitió la antífona Sub tuum praesidium y como canto propio de la coronación se prescribió la Salve, y se reservó la antífona Regina caeli sólo para las coronaciones que se realizaran en Tiempo Pascual.
También se omitió la expresión: gratiosissimam Dominam nostram en la oración final.

Algunos se preguntarán qué valor tiene hoy la coronación de las imágenes de la Virgen Santísima, pero para la Iglesia coronar a la Virgen, no es sino reconocer en Ella a la Madre del nuevo pueblo fiel, atento al mensaje y las exigencias del Evangelio. Ella es, por tanto, Reina de todos los que quieren colaborar en el establecimiento del Reino de Dios y su justicia.

Se ha comprobado ampliamente que la religiosidad popular mariana ha aumentado considerablemente en el periodo posconciliar, como lo prueban los testimonios de muchos santuarios marianos diseminados por todo el mundo. Lo mismo puede decirse de las tradiciones locales en honor de las imágenes de Vírgenes locales.

Como ya es costumbre en los rituales que se han promulgado después del Concilio Vaticano II, precede al rito mismo unos “prenotandos” en los que se dan una síntesis doctrinal del mismo y algunas indicaciones sobre el ministro, el día de su celebración y las cosas que se han de preparar.

En los “prenotandos” del Ordo para coronar la imagen de la Bienaventurada Virgen María, después de unos datos históricos, se expone que por ese rito se confiesa que la Bienaventurada Virgen María con razón es considerada e invocada como Reina y se dan las razones ya conocidas: por ser la Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico y socia santísima del Redentor. Pero además se añaden otras dos: 1ª Por ser perfecta discípula de Cristo. 2ª por ser miembro sobre eminente de la Iglesia.

En la legislación actual se deja al Obispo Diocesano juzgar sobre la oportunidad de coronar una imagen de la Virgen María. Antes se tenía muy en cuenta que las coronas usadas para esta ceremonia fuesen muy ricas, como signo de la veneración del pueblo de Dios que contribuía en la medida de sus posibilidades a costearla. Ahora se indica en los “prenotandos” que esas coronas sean dignas, pero que no tengan demasiada magnificencia y suntuosidad de gran esplendor y abundancia de piedras preciosas. Todo ha de ser a tono con la sobriedad del culto. En cuanto al ministro se indica que convenientemente sea el obispo diocesano, aunque podría delegar.

Se indica que esta ceremonia se celebre en las solemnidades y fiestas de la Virgen María o en otras fiestas, pero no en las máximas solemnidades del Señor ni en los días que tienen un carácter penitencial.
La coronación puede hacerse bien dentro de la Misa, en las Vísperas o en una celebración de la Palabra.

La Realeza Stma. Virgen, se mantiene explícita en todas las advocaciones marianas, incluso en las de su mayor dolor por la Pasión y muerte de su Hijo.

Tanto es así que mejor que decir: Reina porque ha subido a los cielos en cuerpo y alma; habría que decir: Asunta a los cielos en cuerpo y alma
porque es Reina.

4. La idea de realeza es entre todas, la que evocan la piedad y la teología marianas lo que mejor comprendieron y realizaron los artistas, en representación del pueblo fiel del siglo XII y primeras décadas de l XIII. En la literatura mariana que produjo aquel renacimiento del culto de María iniciado por San Ambrosio Autperto, continuado por San Anselmo y San Bernardo, por sólo citar a tres mariólogos y grandes devotos de María Virgen entre miles de monjes que siguieron la Regla de San Benito, con respecto a la realeza de la Virgen, en los que tuvo un relieve particular.

El motivo artístico de la coronación aparece con mucha frecuencia durante el siglo de San Bernardo. Mucho antes cantaba la liturgia con referencia a la Virgen el texto del Apocalipsis: “ Sobre su cabeza una corona de doce estrellas”.

4 P.A.S., L´assuzione e la Regalité di María, nell´
Observatore Romano ( 25-26 Agosto 1.947 ) pg.4


El hecho propiamente dicho de la coronación, verificada primero por uno o varios ángeles y más tarde por el mismo Cristo en persona, es el que suelen representar los pórticos góticos del siglo XIII, el tema de la coronación, aparecerá en un mosaico de Santa María la Mayor, de Roma, realizado por Jacobo Torriti. Desde entonces contemplaremos un gratificante excursus donde afloran las aportaciones de los grandes maestros universales de las artes plásticas. Giotto, Fray Angélico, Durero, Botticelli, Rafael, El Greco, Velázquez...,son algunos de los nombres que han llevado a la sublimación artística el sublime tema de la Coronación de la Virgen.

El Infante D. Juan Manuel en su libro de Patronio afirma que la Virgen María por su bondad y de modo especial por su humildad, <>


Son muchos los Padres que proclaman la realeza de la Virgen María por ser de la tribu de David, pero principalmente por su maternidad divina y así la veneraba el pueblo fiel.

En la liturgia hay escasos textos alusivos a la realeza de la Virgen María en razón de la asociación a la obra redentora de Cristo por medio de su presencia en el calvario.

En los escritos de Pío XII, Ad Coelo Reginam, al instituir la fiesta de María Reina, y su encíclica Fulgens Corona. <>

La encíclica Ad caeli Reginam trae uno de la Misa de los Siete Dolores de la Virgen María. “Estaba en pie dolorosa junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo Santa María, Reina del Cielo y Señora del mundo “. La realeza de la Virgen María ha sido manifestada en la iconografía con tanto vigor y esplendor como en las tallas de la imagen de la Virgen a lo largo de la historia de la Cofradía California, teniendo su ultimo exponente en la talla de Mariano Benlliure, con su impronta regia de un modo insuperable, largo manto bordado, adorno de flores y luz, son una manifestación de su creencia que la Virgen, aún en sus misterios de dolor, es ante todo Reina.

Para terminar decimos que nosotros, los Californios y cartageneros, contemplando a María Señora y Madre la “ proclamamos Reina porque ella es el evangelio viviente. La proclamamos Reina porque ella está unida a Cristo Mediador, el prendido en el huerto; la mediadora universal. La proclamamos Reina y Madre porque es la Esperanza de la Misericordia nuestra”.

<engendró la luz del mundo>>.

Etimologías. San Isidoro

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